viernes, 17 de septiembre de 2010

Rebeldía

Nunca en alto las manos suplicantes
ni ante hombre, ni ante Dios u otros poderes,
que nos fueron prescritos los deberes
de vivir, sin habernos oído antes.

¿Qué se creen, supremos arrogantes,
los que juegan de modo con los seres
que en haciéndonos hombres o mujeres
nos dejan indefensos e ignorantes?

Ruptura ya. Creíble sólo el hombre.
Ni un credo, vademécum de temidos
horrores que al más bravo aún asombre,

ni leyes, que mantengan ateridos
impulsos de gritar, los que, sin nombre,
hasta ayer estuvimos sometidos.